vade retro, congresista

Celebración popular en el local de frente de todos ayer. (foto: efe)

Argentina: celebra un pueblo

"El futuro es posible imaginarlo y no sólo aceptarlo"

Eduardo Galeano

Publicado: 2019-08-12

En la película “Our brand is crisis” Jane Bodine (Julia Roberts) encarna a una consultora política estadounidense que llega a Bolivia para dirigir una campaña electoral en la que su candidato, el oficialista, iba 28 puntos porcentuales detrás de su adversario. Su estrategia para hacer victorioso a este candidato poco empático, con una agenda abiertamente neoliberal y alejado de la ciudadanía a la que quiere representar es situarlo al margen de la ecuación: no se trata de él, se trata del país. Para ello, Bodine explica de manera elocuente su estrategia en esta frase “you see, when voters are looking for hope, they always go for the new guy. But when they’re scared, they look for a wartime leader”. Lo que hay que hacer, señala, es generar ese miedo (crisis) y conseguir así que el electorado apueste por “el malo conocido”. Que no se atreva nadie a tomar riesgos. 

Recordaba esta película mientras seguía las campañas electorales argentinas de cara a las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) celebradas ayer. Unas elecciones en que Mauricio Macri utilizó una estrategia de enfrentamiento en un eje político que le funcionó terriblemente mal (pasado vs. futuro). Y esto tiene que ver con un diagnóstico errado del escenario al cual se enfrentaba y, sobre todo, un afán nada nuevo por subestimar al electorado que, ayer se vio, sigue votando en clave “pueblo” cuando la adversidad les toca la puerta. Y sólo eso es suficientemente esperanzador como para responder a la tesis de Bodine en la película que antes he mencionado.

Macri apostó al eje “pasado-futuro” señalándose a sí mismo como el futuro (“vamos a votar a la Argentina de los próximos 30 años”) sin tener un proyecto de futuro un ápice de ilusionante. Frente a su propia “crisis” creada en clave de “retroceso vs. avance” lo único que tenía para mostrar eran cifras en rojo y todo ello a la vez que el Frente para Todos era capaz de escenificar una unidad que no se veía en la izquierda argentina hace un tiempo. Frente a esta polaridad inventada Mauricio Macri tuvo en él mismo a un adversario. Dicho de otro modo, su enemigo fue también su propia gestión: desempleo de 10,1% (niveles no registrados desde 2006), inflación del 22,4% (algunos analistas prevén que podría llegar a 40% a finales del año), tasa de pobreza de más del 32%, disminución sostenida del poder adquisitivo de los sueldos y las pensiones, etc. y  todo esto sin hablar siquiera de la represión como forma de gobernar (los movimientos sociales han estado en el punto de mira del gobierno de Macri), los sostenidos discursos de odio y discriminación, etc.

Los resultados no engañan. Unas PASO con una tasa de participación del 75% donde el Frente de Todos (Fernández y Kirchner) obtuvo una contundente victoria con 15% (47,32%) por encima del partido de Macri (32,33%). Una victoria que le permitió al Frente de Todos ganar en 22 de las 24 provincias argentinas y dar con ello un duro golpe al gobierno de Macri cuya cara de derrota ayer lo decía todo. Y por eso prefiero la frase de Eduardo Galeano que recuerdo al inicio de este texto: “el futuro es posible imaginarlo y no sólo aceptarlo”.

 

PISTOLETAZO DE INICIO Y FIN DE LOS MITOS

Las PASO de ayer suponen un pistoletazo de inicio esperanzador para el Frente de Todos (FT) en Argentina, pero la carrera será todavía larga. Si algo puede sacar el FT de todo esto es el reconocimiento de la potencia de su propia unidad y, por cierto, no deberíamos olvidar el papel de Cristina Kirchner que en un gesto de audacia política fue capaz de dar un paso atrás (va como candidata a la vicepresidencia y no a la presidencia) que ha sido decisivo tanto en la campaña como en la conformación de alianzas dentro del FT.

EL ROSTRO QUE LO DICE TODO: MACRI ASUME LA DERROTA (FOTO: JUAN IGNACIO RONCORONI)

Pero así como pistoletazo de inicio, los resultados de ayer suponen también el afianzamiento de ciertos procesos y el fin de ciertos mitos. Por un lado, por ejemplo, podremos estar de acuerdo en que la unidad por la unidad no sirve -creo que ni siquiera existe-, pero sin duda el acuerdo en torno a un proyecto es fundamental y ello lo hemos visto en estas elecciones argentinas. El rol importante en la cosecha del resultado por parte de Felipe Solá o de Massa están ahí para demostrarlo guste más o guste menos.

De otra parte, el mito del “techo electoral” del kirchnerismo ha quedado también en entredicho. Ha superado de lejos los resultados obtenidos por Scioli en la primera vuelta de 2015 lo cual revela la capacidad movilizadora del kirchnerismo aún latente y que sorprende. Mauricio Macri, en cambio, ha repetido sus resultados con respecto a esa primera vuelta de 2015.

También toca reconocer el papel fundamental de “la calle” y acabar con el mito de que todo es comunicación -y lo dice una comunicadora política sin cortarse-. Más allá de las tecnologías y la importancia de las mismas en cualquier estrategia política en estos tiempos, y del rol de los medios de comunicación en cualquier campaña política, hay que reconocer el papel clave de la militancia de a pie evidenciada en el abrumador y sorpresivo resultado de Axel Kicillof, candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, conocido por haber pateado las calles desde el momento en que Cristina Kirchner dejó la casa rosada y que hizo de su campaña todo un hito también performativo políticamente: el Renault Clio en el que ha recorrido todo el territorio en la provincia fue un activo fundamental que demostraban su forma de hacer política a la par que fue capaz de desarrollar una campaña de diálogo y escucha cotidiana como los valores que le diferenciaban de sus contrincantes.

Finalmente, y no es menor, el mito del poder de los que no votan: los poderes financieros. Si a algo apeló Mauricio Macri durante su campaña, y sobre todo durante el último viernes de campaña (ver aquí), fue a utilizar a los mercados la subida o bajada del dólar en un contexto de recesión, para posicionarse como el candidato “necesario” para mantener contentos a los mercados. Más allá de lo torpe de la estrategia, lo cierto es que si algo ha quedado claro es que en las urnas los mercados no mandan, sobre todo cuando la ciudadanía expresa su voto en clave “propia supervivencia”. Como decía líneas arriba, frente a un Mauricio Macri sin gestión positiva que vender, apelar a los mercados no hace sino hacer crecer la desconfianza del pueblo frente a un candidato que, claramente, gobierna para los poderes y no para la gente. La estrategia del miedo le jugó en contra y generó tanta desconfianza como enfado. Las urnas, después, lo ratificaron.

Toca ahora, como es obvio, no dormirse en los resultados obtenidos, pero hace bien el Frente de Todos, en celebrar un pistoletazo de inicio que nos habla de una Argentina que vota en clave colectiva, en clave de futuro de todos y no desde el individualismo. Una Argentina que marca así un camino que bien puede tener ecos -ojalá- en toda la región. Una región que necesita de más unidad frente a los discursos que dividen y generan odios, que necesita más de esperanza que de miedos, que necesita más de colectividades que de individualismos. Una Latinoamérica que, en suma, necesita más que nunca a su pueblo. Y Argentina ayer nos ha dado una buena noticia.


Escrito por

Laura Arroyo Gárate

Feminista, lingüista, trabajólica y miope. 100% peruana.


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Altoparlante

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