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BANDERAS SUECAS ONDEAN

Suecia: La serpiente y el huevo de la serpiente

Publicado: 2018-09-10

Ayer, siete millones de suecos han acudido a las urnas y, en unas elecciones inéditas, han ocurrido tres cosas fundamentales:

1. La ultraderecha ha logrado entrar en primera línea del escenario político (tercera fuerza, con cinco puntos más de apoyo que en las elecciones del 2014)

2. La socialdemocracia ha obtenido el peor resultado de su historia. (El partido más votado pero con una victoria amarga)

3. El feminismo ha sido el gran movimiento que ha puesto algún freno posible al auge de la ultraderecha.

Suecia se suma así, de manera alarmante, a los países europeos donde el discurso del odio se ha abierto paso. La campaña electoral se ha centrado en el tema que, muy hábilmente, los movimientos de extrema derecha buscan poner en el centro del tablero porque les permite recabar réditos electorales: la inmigración. Cualquier parecido con Lima, Perú (no) es una coincidencia. Las derechas, al fin y al cabo, operan de manera similar en distintos contextos.

Pero ¿por qué resulta el discurso anti inmigración tan rentable?

Aquí es donde entra la figura de la serpiente y el huevo de la serpiente. Sin ánimos de ofender a quienes gusten de las serpientes, uso este ejemplo por fines didácticos. ¿Cuál es peor? ¿Con cuál hay que acabar primero? ¿A cuál hay que neutralizar?

El despunte de la extrema derecha sueca, al igual que en otros países de la región, encuentra su caldo de cultivo en el declive de las socialdemocracias. Y este declive tiene que ver con la falta de capacidad de la socialdemocracia para responder y garantizar soluciones a las demandas de la gente. La socialdemocracia viró su timón hacia la derecha económica hace mucho. Como dicen en España, “de esos barros, estos lodos”. La extrema derecha no ha crecido por arte de magia, por un antojo electoral ni por la crisis humanitaria que asola las costas europeas hace muchos años. El despunte y aplauso a movimientos extremistas que abogan por el cierre de fronteras, dejan de lado el respeto por los DDHH y, por cierto, no plantean soluciones a otros problemas de fondo, tiene que ver con una estrategia perversa de incitar el odio. Y, así, desviar la atención de los responsables de las crisis, la austeridad, la precariedad laboral, la desigualdad, etc. La responsable es la serpiente. Y esa serpiente tiene un nombre: políticas de austeridad que han ajustado y ahogado a miles de familias a la par que ponían los intereses de los poderes económicos como principal prioridad.

PAPELETAS DE VOTACIÓN. SUECIA.

Las derechas extremas han aprovechado el momento para culpar de la precariedad, de la falta de trabajo, de la crisis económica, de la inseguridad ciudadana, del caos y si pudieran, hasta de la ola del calor, a la inmigración. Confrontar el penúltimo contra el último. Como si el problema realmente fueran los migrantes y no todas las políticas económicas que estos mismos grupos extremos defienden desde siempre. Nos toman por tontos.

Pero no somos tontos. Si algo está claro es que la enfermedad no puede ser la cura. Lo que están haciendo los movimientos de ultraderecha europea es designar al otro como culpable de las recetas que se han demostrado erradas y que ellos mismos defienden. Y así se cumple la figura. Si la serpiente son las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas, defensoras de día y de noche de los poderes económicos antes que de demandas urgentes de la gente, el huevo de la serpiente es, lo estamos viendo, este auge de extremas derechas que han hecho de su propio resultado el mejor de sus caldos de cultivo.

Frente a esto, urge una alianza europea que ofrezca un horizonte distinto. Que sea capaz de apuntar al verdadero responsable, que denuncie a una Europa que hace mucho dejó de lado los principios que la fundaron y que vuelva a poner a la gente y sus demandas en el centro de la política.

Y, finalmente, pero tal vez de lo más importante, si algo queda claro en Suecia, así como quedara demostrado en Austria en las últimas elecciones, es que el movimiento feminista ha sido clave para frenar este auge de la extrema derecha. Porque el feminismo pone en el centro del debate no sólo la igualdad entre hombres y mujeres en todas las áreas, sino una reflexión y una propuesta alternativa en el modelo productivo, en el modelo económico, en el reparto de los cuidados, en la concepción de la conciliación, etc. Y, tal vez, está ahí la clave y la esperanza. Recordemos que fue y es también el movimiento feminista el que está declarándole la guerra a Donald Trump siempre que puede. Es el movimiento más transversal y más fuerte que, en este momento, ocupa nuestras calles y plazas, pero también, nuestras conversaciones de café, nuestras casas, y, por supuesto, nuestras camas.

Sólo ese dato es esperanzador, pero, por supuesto, no basta. Toca una alianza que le haga frente tanto a la serpiente como al huevo de la serpiente si queremos defender tanto nuestros derechos como nuestras libertades.


Escrito por

Laura Arroyo Gárate

Feminista, lingüista, trabajólica y miope. 100% peruana.


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Altoparlante

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