las cosas claras, señor presidente

MANIFESTACIÓN POR EYVI. PALACIO DE JUSTICIA. LIMA.

103 Eyvis

En Perú cada dos días una mujer es asesinada por culpa del machismo. Según las cifras publicadas más recientemente, en lo que va del año el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables ha registrado 43 feminicidios y 103 tentativas de feminicidio. A 103 que quisieron pero no lograron matarlas. A 103. 103 más posibles Eyvis en lo que va del 2018.

Publicado: 2018-06-03

El día anterior al ataque machista que llevó a Eyvi Ágreda al hospital de urgencias, en Trujillo, Estein Cruz Rodríguez asesinó a la madre de sus tres hijos con un martillo. Romina tenía 32 años. Ella también es Eyvi. Ayer, 2 de junio, en Cusco, Lee Deza acuchilló y mató a su enamorada. Ella había atrevido a denunciarlo ante la comisaría, pero no obtuvo ninguna protección. Ayer, el cuerpo de Gloria fue hallado sin vida. Él la acuchilló hasta asesinarla. Ella también es Eyvi.

Por eso decimos que todas somos Eyvi. Porque lo realmente aterrador es que todas podríamos serlo. Ninguna está a salvo de la violencia machista. Ellas son nosotras. 103 Eyvis y contando.

Hay comparaciones que son odiosas, pero las hay que son virtuosas. En estos meses del 2018 la ola del feminismo se ha desatado en diversos países, con acentos distintos, pero generando movilizaciones masivas y empatía de una forma  nunca antes vista. El 8 de marzo no ha sido un día internacional de la mujer más, sino un punto de quiebre en países que como España viven hoy una de las olas de feminismo más activa y movilizadora en toda Europa. Es tanto el poder de las mujeres que hemos movilizado a representantes políticos, íconos periodísticos, académicos y a la ciudadanía en general con nosotras. La lucha de las mujeres y nuestras reivindicaciones están en el centro de todas las mesas. ¿Y en Perú?

Al otro lado del charco la ola también se ha hecho sentir, aunque con otra intensidad. El 8M lo grafica bien, pero en Perú ha habido movilizaciones masivas y transversales feministas desde antes. En 2016 y 2017, la movilización #NiUnaMenos logró conjugar la indignación de miles de mujeres diversas en respuesta a los feminicidios. Pero el 2017 fue también un momento de pico clave. Las redes sociales y la valentía de miles de mujeres en todo el mundo desencadenó en Perú también una ola de denuncias. Y cada denuncia, que es un mundo distinto, es también un disparador de reconocimientos. Las mujeres que leemos las denuncias nos reconocemos en ellas. Generamos empatía, pero sobre todo nos damos cuenta de algo tan duro como poderoso: todas tenemos una historia de violencia que contar. Y es ahí donde la colectividad y la sororidad se anclan.

En este 2018 vivimos un momento feminista que ha llegado para quedarse y, en Perú, todavía se está abriendo paso. Si algo distingue en este momento, o lo hacía hasta hace unas semanas, a la España feminista de la peruana es que allá (en Perú) no lograba una hegemonía. No es políticamente incorrecto y lo vemos a diario en facebook o tuiter- enunciar discursos machistas. No es políticamente incorrecto, en Perú, defender al machismo directa o indirectamente. No penaliza socialmente decir, por ejemplo, que una feminista es una feminazi, o que las mujeres son responsables de la violencia por cómo se visten, o que, en buena cuenta, si una mujer es asesinada por machismo puede hablarse de un “designio de vida”.

Puede no parecer importante, pero el discurso es la expresión más diáfana de las concepciones de cada uno y de las expresiones culturales colectivas. Una sociedad que acepta estas justificaciones es una sociedad dividida entre quienes conciben el “machismo” en sentidos distintos. Entre quienes lo toleran y quienes lo denuncian. Entre quienes creen que es posible erradicarlo y quienes no. Entre quienes, en última instancia, no lo ven como un problema de la magnitud que es. Las cifras del inicio de este post no mienten. Son las oficiales, y a ellas habría que añadirle la de las mujeres que nunca se atreven a denunciar por desconfianza en sus propias instituciones y por miedo. El machismo es un problema estructural que debería abordarse como emergencia nacional. ¿Acaso no es una emergencia nacional ser el país con mayor índice de violaciones en América Latina? Lo es. Nos están violando, nos están quemando, nos están acosando, nos están golpeando y nos están matando.

Pero también nos estamos defendiendo.

Ocurre a veces que las injusticias que nos generan indignación y desolación nos brindan también referentes de lucha que marcan los puntos de inflexión. Esto ocurrió en España hace unas semanas con la sentencia vergonzosa al grupo de cinco violadores que violaron en masa a una mujer y que gozaron de la impunidad machista de la justicia. Pero este fue el punto de inflexión y de quiebre. Las mujeres salimos en masa de manera espontánea y llenamos las ciudades de todo el país. Después de una semana de movilizaciones a los poderes políticos y al Poder Judicial no le quedó otra que poner sobre la mesa una reforma del Código Penal, al juez que pedía la absolución de los cinco violadores se le conoce en todo el país por nombre y rostro, la sentencia fue llevada al Parlamento Europeo (pese al voto en contra del PP y la abstención de Cs) y seguimos (y seguiremos) movilizándonos hasta que se haga justicia. Hace unas semanas, se logró presionar al Gobierno -todavía entonces del PP- para que cumpla con todas las medidas del Pacto de Estado contra la Violencia Machista firmado por TODAS las fuerzas políticas de este país. Todas. Ni una se quedó fuera de este pacto. Y eso es  hegemonía.

LIMA. Manifestación por eyvi en palacio de justicia  este fin de semana. 

En Perú, Eyvi puede bien ser ese punto de inflexión. De hecho, ya lo ha sido. Lo ha sido cuando la movilización inmediata se ha abierto paso. Lo ha sido cuando es el tema de conversación en los almuerzos de domingo, en la sobremesa con la familia y en los whatsapps con los colegas. Eyvi es ya un referente, un triste referente que nos avergüenza como sociedad pero al que podemos rendir el mejor de los homenajes.

A Martín Vizcarra le han llovido justas críticas por el absurdo de sus declaraciones. De más está decir que como Presidente esa torpeza política (machista) es además de torpe merecedora de unas disculpas públicas. Y algo así ha intentado con su reciente anuncio de medidas concretas para luchar contra la violencia hacia las mujeres. ¿Ven cómo la presión social sí puede generar resultados? El hecho de que haya tenido que hacer este anuncio es una demostración de lo que la presión ciudadana va logrando y, sobre todo, del poder que en este momento a nivel internacional tiene la lucha de las mujeres. El mensaje de Vizcarra, guste más o guste menos, nos da un ejemplo claro de lo que es ir construyendo hegemonía.

Ahora bien, un anuncio es un anuncio y el papel (o la pantalla) lo aguantan todo. Bien este primer paso de Vizcarra, pero las medidas concretas no son otra cosa que una bonita declaración de intenciones. Y en esta materia debemos ser muy concretas. Si se trata de una emergencia, como el mismo Presidente señala, es momento de asignarle una partida presupuestaria concreta. Las medidas serán efectivas en la medida que sean concretas. La Comisión de Emergencia será efectiva si tiene discrecionalidad y facultades para realizar un trabajo de prevención real y no sólo informes de miles de hojas. La declaración en alerta permanente de las comisarías a nivel nacional sólo tendrá sentido si los y las policías que en ellas trabajan han sido educados en enfoque de género para saber cómo hacer frente a una denuncia de violencia machista, porque esto no va sólo de llenar partes. El programa “Hombres por la igualdad” no puede circunscribirse sólo al acceso a información “necesaria” (posiblemente el término más ambiguo) para desarrollar relaciones respetuosas e igualitarias con las mujeres. ¿Dónde quedan los canales de difusión de información reales y masivos como la radio, la tv, etc.?

Bien por el primer paso, porque además es un primer paso que anuncia horizontes positivos para lo que las mujeres venimos reclamando hace mucho. Pero esto no va de gestos. Este es tal vez el momento crucial en que somos capaces de poner sobre la mesa demandas concretas como antes no podíamos. Sólo en dos días Vizcarra ha debido virar su discurso y, aunque no termine de ser acertado ni convincente, es ya un resultado de nuestra acción. Y es bueno saber coleccionar las pequeñas victorias que tenemos en el camino. Sin confundirnos, sin comprarnos el discurso, sin entibiar nuestra postura.

Eyvi es un injusto punto de inflexión. Pero es la gota que por fin ha roto el vaso. Y ahora nos queda todo por hacer.


Escrito por

Laura Arroyo Gárate

Feminista, lingüista, trabajólica y miope. 100% peruana.


Publicado en

Altoparlante

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