reconoce sus orígenes

La oportunidad de reconducir el miedo

“La derrota es a menudo el comienzo de la política”  

(Juan Carlos Monedero – Ganar o Morir: Lecciones políticas en Juego de Tronos)

Publicado: 2015-09-03

Tal vez, la mejor manera de empezar este texto sea asumiendo que de alguna manera “hemos sido vencidos”. Esta fue la frase que se me vino a la mente cuando me topé con la iniciativa “chapa tu choro”. Tal vez lo que hace falta, antes de entrar en el bucle de explicaciones que justifiquen nuestro rechazo a una iniciativa como esta, es asumir que hemos sido derrotados en un marco cuando menos: que la violencia no se suprime con violencia o, dicho de otro modo, que la violencia sólo genera más violencia. Esta es una de nuestras derrotas.

En este punto de partida suelto algunos apuntes. Rastreando por internet en los medios, noto que la discusión se ha centrado en las razones del rechazo de unos y el aplauso de otros frente a esta iniciativa. Ayer, sin embargo, entraron otras dos variables en juego: 1) la aspiración congresal por parte de Cecilia García, promotora de esta iniciativa y 2) la mención a la “campaña del miedo”. Me enfocaré en la segunda. La primera, queridos amigos, resulta menos relevante. Aún cuando lo que busques es deslegitimar a García al vincularla con el fujimorismo (¡vaya descubrimiento! ¡No lo hubiera imaginado!), es justo el nicho de ciudadanos simpatizantes de esta fuerza política el que también aplaude esta iniciativa. No logras ni convocar ni disuadir con este “descubrimiento” por demás predecible.

Vamos a la política del miedo. Me quedo con esto mencionado por Roberto Bustamante:

“Usan el miedo, la mentira, datos manipulados y recortados para aparentar lo que ellos quieren aparentar. No solamente es una campaña electoral la que está en juego. Es una forma de entender la república, la democracia, en fin, la vida en comunidad en general.”

En efecto, lo que subyace a campañas como “chapa tu choro” no tiene que ver con inseguridad ciudadana únicamente, sino que se origina en una concepción de las relaciones en la comunidad. En un contexto de erosión de la legitimidad de las instituciones y de las autoridades, germinan la desconfianza entre ciudadanos y entre ciudadanos y sus autoridades o representantes. Como segundo paso, se erige como solución la toma de control con manos propias.

Si bien estoy de acuerdo con lo que Bustamante menciona sobre la “campaña del miedo” (o la forma de hacer política azuzando el miedo que no es nueva) creo que estamos asistiendo a algo más elaborado que sólo la utilización del miedo. Más cercana a esto estaría la típica propuesta trasnochada y demagógica que se hace en todas las elecciones peruanas desde diversas tiendas políticas: la promesa de la pena de muerte. Pero “chapa tu choro” es un tránsito: un tránsito del miedo a una alternativa. Una elaboración que, por cierto, responde a un problema concreto sobre el cual hasta esta campaña no encontraba “alternativa” fuera de la resignación y la queja. Los 12 mil “me gusta” en el fan page son elocuentes. El 76% de encuestados que confiesa sentirse inseguro en el Perú avala la necesidad de alternativas.

Cecilia García, más allá de su interés por crear un perfil electoral, ha acertado, para perjuicio de quienes vemos en su propuesta un tremendo riesgo. Con contundencia y en un lenguaje muy sencillo y cotidiano ha dado en un clavo. Dos frases suyas en una reciente entrevista me parecieron elocuentes: 

LA COIMA O LA CORRUPCIÓN QUE AZUZA LA DESCONFIANZA ENTRE CIUDADANOS Y ENTRE CIUDADANOS Y SUS AUTORIDADES. lEY DE LA SELVA.

a) Nosotros no estamos generando violencia, ya estamos en un estado de derecho donde existe mucha violencia 

b) Los provincianos tenemos que salir a la calle, hacer paros, etc. (para que se nos oiga)

Si olvidamos por un segundo quién es ella y lo que propone, ¿a alguien le parece que estas dos frases no representan dos sentidos comunes? La estrategia le funciona: primero, ha cogido un tema que se sabe de prioridad uno en el mapa electoral y segundo, ha ido por la vía fácil al proponer una iniciativa que no sólo goza de aceptación en un sector de la población que conduce su inseguridad y miedo a la acción propia, sino que ha conseguido también un trampolín a la fama, cuando menos temporal. Dos en uno. Gol y gol.

Pero, descuiden, también nos da un antídoto.

Durante los últimos años un sector amplio de la(s) izquierda(s) peruana(s) se ha acercado al tema de la inseguridad ciudadana sólo desde la óptica de la “prevención” y, hace no tanto, resaltando el tema de la percepción. No creo que les falte razón. Cuando Pedraza indicaba que la inseguridad ciudadana era solo una cuestión de percepción, erraba en la declaración por el “sólo”, pero no por la idea general. Hay un componente de percepción que tiene que ver, entre otras cosas, con la dimensión de cercanía sobre la inseguridad ciudadana (todos conocemos a alguien a quien le han robado/asaltado/lo-que-sea) y, por otro lado, el morbo sistemático con el que los medios de comunicación hacen eco de casos que, por cierto, también tratan en un marco de exaltación de la inseguridad.

Pero esta explicación racional no es política. Nos ha faltado, una declaración contundente y casi enumerativa de medidas ad hoc para el tema de inseguridad, y cuando digo ad hoc no me refiero a únicamente a la “prevención” sino al tema polémico, a la carnecita: ¿qué hacer con los delincuentes? Para ser una alternativa real hay que mojarse. Sólo se combate una propuesta, por más trasnochada que esta sea, con otra.

Toca asumir entonces que el sentido común está instalado y lo que corresponde es reconducir el motor de este sentido común, vale decir “el miedo”. Ojo, al miedo no se le combate sólo con rechazo, sino sobre todo con una alternativa verosímil. En este caso concreto, hay que polarizar “chapa a tu choro” con otra alternativa propuesta desde la plataforma de un progresismo que sea capaz de traducir al lenguaje cotidiano una propuesta atractiva y clara que responda concretamente 1) “¿qué hacemos con los delincuentes?” y 2) “¿cómo garantizamos que podamos sentirnos más seguros?”

No resultará útil apelar a una “reforma integral”, ni tampoco lo será apelar a la “educación como factor disuasivo de la delincuencia” (este marco no combate concretamente la inseguridad del presente). Tampoco bastará, me temo, que apelemos a los derechos humanos. Por ahí alguno ha querido hacer una vinculación de esta propuesta con Sendero Luminoso que, aunque muy certera y exacta, no implica un tránsito inmediato en el imaginario colectivo. La respuesta que está a flor de piel de cualquier ciudadano es: “una cosa es terrorismo y otra es autodefensa”. Si luego para explicar tu punto tienes que recurrir a matices, ya te ganaron. 

Toca entonces, como decía en un post anterior, disputar la agenda con una alternativa concreta que además implique la toma de conciencia de que la propuesta pasa también por acoger cierta participación de los vecinos y no sólo de las autoridades. La coyuntura está dada para responder con una propuesta que podría gozar del apoyo no sólo de la izquierda, sino de los ciudadanos que cavilan entre el miedo cotidiano en un Perú inseguro y el rechazo a una propuesta tan fuertemente violenta como “chapa a tu choro y déjalo paralítico”. Pero esta ventana se cierra, como todas y lo hará nuevamente en beneficio de las fuerzas autoritarias que han sabido siempre conducir el miedo para su beneficio.

Dejo una pista que puede servir a la(s) izquierda(s): la segunda frase de Cecilia García. En efecto, ¿qué confianza pueden tener los ciudadanos que no viven en la capital y que por tanto muchas veces se ven en la necesidad de movilizarse (tomar la “justicia” o la “ley” por manos propias) para hacerse oír? ¿Acaso no es la izquierda la que mejor ha aglutinado este descontento? Tal vez vincular esta falta de presencia/interés del estado con una alternativa a “chapa a tu choro” sea una buena manera de re-enmarcar la discusión y reconducir el miedo. Cuando un sentido común no te es favorable, no está mal acoplarlo a otro en que te encuentres más aventajado.

Al final del día, esta puede ser una oportunidad. O podemos dejarla pasar mientras seguimos con las puyas entre nosotrxs.


Recomiendo: Dánae Rivadeneyra en un texto muy lúcido sobre este mismo tema aquí.


Escrito por

Laura Arroyo Gárate

Peruana, feminista, lingüista, ronca, trabajólica y miope. Y, a veces, pianista.


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